domingo, 11 de marzo de 2012

En serio con Hernán Jiménez



El pasado 9 de marzo presencié el nuevo show de stand up comedy de Hernán Jiménez, Esto es en serio. El espectáculo tuvo lugar en Jazz Café Escazú, con un local totalmente abarrotado y con la expectativa de ver al director de A ojos Cerrados y El Regreso de nuevo en estas lides de la comedia.
Para quienes no están muy familiarizados con el tema, el stand up comedy es un género muy popular en los Estados Unidos y que poco a poco ha ido creciendo en nuestro país. Un referente conocido en nuestro medio es el mexicano Adal Ramones. Y de los ticos, fue Jiménez uno de los pioneros (si no el pionero) cuando en el 2007 presentó su primera rutina Al Derecho y al revés, y en la actualidad existe una buena cantidad de comediantes que se presentan con regularidad en algunos bares y salas de la capital. 
Posteriormente, Hernán estrenó su monólogo Hablando se entiende la gente, que volvió a presentar en octubre del año pasado, y ahora nos trae Esto es en serio, una propuesta que gira en torno a situaciones cotidianas “a la tica”, de esas que por ser cosa de todos los días se tornan invisibles ante nuestros propios ojos.
Hernán hace stand comedy como hace sus películas. De una forma natural, casi que guiado por su propio instinto de observación y por una necesidad de canalizar sus inquietudes a través de instrumentos que le resultan afines y los cuales maneja con singular habilidad: la imagen y la palabra.
En esta disciplina no lo vemos aferrado a ninguna fórmula preestablecida. Salió al escenario, tomó el micrófono y comenzó a hablar como si lo hiciera con un grupo de amigos.
Créditos de fotografía: Ronald Pérez, para la revista Soho. 
Aunque notoriamente nervioso al principio (natural para ser su primera presentación), poco a poco el joven actor se fue asentando sobre la tarima y tomó las riendas del espectáculo. Los primeros minutos son fundamentales para captar la atención del público, pero sostenerla durante las casi dos horas que dura la función es otra historia. 
Al no estar en un teatro, el asunto se torna más complicado. La gente tomaba y comía, pero se notaba que estaban ahí para escucharlo y eso siempre jugó a su favor. 
Si algo hay que reconocer en Hernán Jiménez, es eso. Tiene carisma. Atrae y convence con su discurso. Porque en ocasiones, a diferencia de los shows de stand up a que estamos acostumbrados, en medio del chiste y el humor predominante, a Hernán se le escapaba algo de frustración.
En fugaces momentos obvió el hecho de que estaba ahí para hacer reír a la gente y adoptó un tono de queja, de reclamo, de incomprensión si se quiere sobre las contradicciones propias  de nuestra sociedad. Durante esos pocos momentos (que quizás debiera replantear), la audiencia guardó un silencio parecido al de una congregación cuando escucha a su pastor.
La incapacidad de nuestras instituciones públicas para solventar los asuntos más básicos y en apariencia sencillos, nuestra patética infraestructura vial o latente inseguridad fueron foco de su agudeza para hacer del drama un chiste. Pasar de la exasperación a la catarsis es parte esencial en el arte de hacer comedia. 
No sé si por requerimiento de la producción o para  evitar llegar al cansancio, Hernán optó por dividir el show en dos partes. Dejar dispersarse a un público que ya tenía en su bolsillo fue un reto del cual, sin embargo, salió bien librado.
Más bien fue durante la segunda parte del show cuando el comediante hizo gala de sus mejores momentos y se le notó con mayor dominio escénico. Hernán adoptó el estilo de caminar de un lado al otro del escenario, algo que sirve para relajarse, pero que puede distraer y “marear” a la audiencia si los movimientos no están bien pensados. 
Mayor pausa en los desplazamientos ayudaría, al igual que la pausa entre los comentarios jocosos para darle aire al público. Me faltaron silencios, miradas cómplices entre el comediante y su público. El ritmo en la comedia es crucial y es algo que Hernán de seguro logrará mejorar conforme transcurran las presentaciones.
Hernán se luce cuando se anima personificar. La rutina en la que hace las veces de su papá, enfrentado con las nuevas tecnologías y el Facebook (similar a lo sucedido Gabo en A ojos cerrados)  es genial y muy divertida. Esta estrategia la empleo con otros personajes y con ella cosechó risas y aplausos. 
Otro punto alto, cerca del cierre del espectáculo, fue la presentación con diapositivas de varios dibujos del escudo de la Fuerza Pública correspondientes a distintas delegaciones del país, y que Jiménez acompañó con comentarios hilarantes que arrancaron las carcajadas de la audiencia. 
Fue esa también una muestra de ese ojo agudo que debe tener un artista para encontrar un motivo de reflexión en objetos o situaciones comunes y hacer que cobren sentido para los demás.
Hernán Jiménez vuelve con Esto es en serio a transitar por un camino que le es conocido. El camino de establecer una conexión con públicos que siempre resultan masivos y que hasta ahora se muestran complacidos y satisfechos con sus propuestas, sean estas películas, monólogos o comedias.
En los próximos días habrá más presentaciones. Si quiere ver a Hernán en acción, no se espere mucho. Las entradas, como el pan calientito,  se venden a ojos cerrados. 

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