El fin, la
nueva película de Miguel Gómez llegó a los cines nacionales y se
espera que haya suficiente apoyo del público tico para que la cinta
pueda mantenerse en cartelera durante varias semanas.
Gómez
demuestra varias cosas importantes con este, su tercer trabajo.
Primero, que tiene claro el tipo de cine que quiere hacer. Segundo,
que puede hacer películas sin repetirse, aunque en todas ellas
encontremos su trazo personal, sus marcadas inquietudes y un gran
deseo de contar historias con un lenguaje que tiene la virtud de
resultarnos cálido y cercano, sin necesidad de excederse en el
vínculo sentimental como único elemento para “enamorar” a su
público.
Después del
éxito obtenido con Cielo Rojo (2008) película de poco presupuesto que
caló principalmente en la población más joven, Gómez dio un giro
con El Sanatorio (2010) hacia un terreno difícil entre el género de horror
y la comedia que resultó ser una mezcla muy gustada y apreciada más
allá de Tiquicia, en especial en Festivales de cine Mórbido y
recibida con especial beneplácito por el público mexicano.
Con El Fin,
el joven cineasta quiso explorar un tema que en lo personal siempre
le ha inquietado y del cuál se habla mucho por estos días: el muy
anunciado fin del mundo.
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| Un meteorito destruye un auto. Es el principio de El Fin. |
Claro está
que una producción con un presupuesto de 80 mil dólares no puede
aspirar a imágenes impactantes de grandes cataclismos ni siquiera
para ver el Teatro Nacional desmoronarse por el impacto de un
meteorito (a lo sumo vemos un auto en llamas), pero ahí está el
gran atractivo de la cinta. Para ver efectos especiales y
megaproducciones existe eso que llaman Hollywood. Para ver qué
haríamos los ticos si un presidente muy parecido a “gorgojo” nos
anunciara la debacle final del planeta, está Miguel Gómez.
El fin se
centra en eso. En contarnos de la manera más simple y directa, qué
haría gente común y corriente ante semejante perspectiva. Para
ello se vale del drama que viven sus dos jóvenes protagonistas Nico
(Pablo Masís), Carlos (Kurt Dyer), acompañados por Marcos (Álvaro
Marenco), papá de Carlos y Andrea (Valeska Vinocour), una joven
embarazada que se suma al trío para dar un giro al relato y preparar
el escenario del desenlace final.
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| Kurt Dyer, Pablo Masís (centro) y Álvaro Marenco, en una escena del filme. |
Contrario a
lo que uno puede pensar sobre cualquier película que verse sobre un Apocalipsis terráqueo, El Fin más bien utiliza esta eventual
catástrofe para hacernos reflexionar sobre valores universales como
el amor, la solidaridad y la fraternidad y nos acerca a la
cotidianidad de esas pequeñas cosas que solemos obviar, pero que
cobran su verdadera dimensión de grandeza cuando estamos a punto de
perderlas.
Los personajes de El Fin se encuentran, ante la inminente destrucción de la vida tal y como se le conoce, en una intensa búsqueda para no dejar huecos ni vacíos existenciales.
Quieren
decir lo que nunca antes dijeron y hacer aquello que dejaron pendiente. Desean
remendar lazos rotos y reparar heridas en una especie de ritual de redención que los prepare para recibir ese último suspiro como una
celebración de vida, y no como un trágico final.
Todo esto El
fin nos lo cuenta con una dosis inusual de humor muy bien lograda (le aseguro que se a va reír, y mucho), y
un guion con unidad e integridad suficiente como para dejarnos la sensación de haber presenciado un trabajo completo y coherente, en apego a sus propias expectativas.
Gómez no
desaprovecha para enviar algunas señales sobre su percepción de
país, y para hacer críticas más o menos directas sobre la sociedad
de consumo y la depreciación ante la opinión pública de la clase
política gobernante.
Técnicamente
hablando, al menos durante la función de prensa el filme presentó
algunos problemas de color, luz y balance sonido en algunas escenas,
pero estos pueden estar relacionados con la proyección y no con
defectos de origen.
La música
satisface. Varias bandas y autores nacionales como El Parque, Ghandi, Pedro Capmany y el propio Kurt Dyer cedieron sus creaciones y todas ellas fueron un gran aporte para el filme. Las actuaciones gustan por su naturalidad. Me gustó en
particular el trabajo de Kurt Dyer y como al resto del público que
lo premió con un caluroso aplauso al final de la función, el
trabajo y personaje de Alvaro Marenco.
Un dato importante es que la película
también puede verse en formato de tercera dimensión en algunos
cines, siendo este el primer filme tico con esta característica.
Si tuviera
que resumir El Fin en una frase, diría que es una película sobre la
búsqueda del sentido de la vida en medio de la amenaza de que esta
se extinga para siempre. Vayan a verla, y pronto. No vaya a ser de que el mundo se acabe.


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