viernes, 2 de marzo de 2012

Apocalipsis a la tica


El fin, la nueva película de Miguel Gómez llegó a los cines nacionales y se espera que haya suficiente apoyo del público tico para que la cinta pueda mantenerse en cartelera durante varias semanas.

Gómez demuestra varias cosas importantes con este, su tercer trabajo. Primero, que tiene claro el tipo de cine que quiere hacer. Segundo, que puede hacer películas sin repetirse, aunque en todas ellas encontremos su trazo personal, sus marcadas inquietudes y un gran deseo de contar historias con un lenguaje que tiene la virtud de resultarnos cálido y cercano, sin necesidad de excederse en el vínculo sentimental como único elemento para “enamorar” a su público.

Después del éxito obtenido con Cielo Rojo (2008) película de poco presupuesto que caló principalmente en la población más joven, Gómez dio un giro con El Sanatorio (2010) hacia un terreno difícil entre el género de horror y la comedia que resultó ser una mezcla muy gustada y apreciada más allá de Tiquicia, en especial en Festivales de cine Mórbido y recibida con especial beneplácito por el público mexicano.

Con El Fin, el joven cineasta quiso explorar un tema que en lo personal siempre le ha inquietado y del cuál se habla mucho por estos días: el muy anunciado fin del mundo.

Un meteorito destruye un auto. Es el principio de El Fin. 
Claro está que una producción con un presupuesto de 80 mil dólares no puede aspirar a imágenes impactantes de grandes cataclismos ni siquiera para ver el Teatro Nacional desmoronarse por el impacto de un meteorito (a lo sumo vemos un auto en llamas), pero ahí está el gran atractivo de la cinta. Para ver efectos especiales y megaproducciones existe eso que llaman Hollywood. Para ver qué haríamos los ticos si un presidente muy parecido a “gorgojo” nos anunciara la debacle final del planeta, está Miguel Gómez.

El fin se centra en eso. En contarnos de la manera más simple y directa, qué haría gente común y corriente ante semejante perspectiva.  Para ello se vale del drama que viven sus dos jóvenes protagonistas Nico (Pablo Masís), Carlos (Kurt Dyer), acompañados por Marcos (Álvaro Marenco), papá de Carlos y Andrea (Valeska Vinocour), una joven embarazada que se suma al trío para dar un giro al relato y preparar el escenario del desenlace final.

Kurt Dyer, Pablo Masís (centro) y Álvaro Marenco, en una escena del filme.
Contrario a lo que uno puede pensar sobre cualquier película que verse sobre un Apocalipsis terráqueo, El Fin más bien utiliza esta eventual catástrofe para hacernos reflexionar sobre valores universales como el amor, la solidaridad y la fraternidad y nos acerca a la cotidianidad de esas pequeñas cosas que solemos obviar, pero que cobran su verdadera dimensión de grandeza cuando estamos a punto de perderlas. 


Los personajes de El Fin se encuentran, ante la inminente destrucción de la vida tal y como se le conoce, en una intensa búsqueda para no dejar huecos ni vacíos existenciales.

Quieren decir lo que nunca antes dijeron y hacer aquello que dejaron pendiente. Desean remendar lazos rotos y reparar heridas en una especie de ritual de redención que los prepare para recibir ese último suspiro como una celebración de vida, y no como un trágico final. 

Todo esto El fin nos lo cuenta con una dosis inusual de humor muy bien lograda (le aseguro que se a va reír, y mucho), y un guion con unidad e integridad suficiente como para dejarnos la sensación de haber presenciado un trabajo completo y coherente, en apego a sus propias expectativas.

Gómez no desaprovecha para enviar algunas señales sobre su percepción de país, y para hacer críticas más o menos directas sobre la sociedad de consumo y la depreciación ante la opinión pública de la clase política gobernante.

Técnicamente hablando, al menos durante la función de prensa el filme presentó algunos problemas de color, luz y balance sonido en algunas escenas, pero estos pueden estar relacionados con la proyección y no con defectos de origen.

La música satisface. Varias bandas y autores nacionales como El Parque, Ghandi, Pedro Capmany y el propio Kurt Dyer cedieron sus creaciones y todas ellas fueron un gran aporte para el filme.  Las actuaciones gustan por su naturalidad. Me gustó en particular el trabajo de Kurt Dyer y como al resto del público que lo premió con un caluroso aplauso al final de la función, el trabajo y personaje de Alvaro Marenco.

Un dato importante es que la película también puede verse en formato de tercera dimensión en algunos cines, siendo este el primer filme tico con esta característica.

Si tuviera que resumir El Fin en una frase, diría que es una película sobre la búsqueda del sentido de la vida en medio de la amenaza de que esta se extinga para siempre. Vayan a verla, y pronto. No vaya a ser de que el mundo se acabe. 

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