¿Qué es la realidad? La pregunta ronda la mente de los seres humanos desde que estos son capaces de cuestionar su propia existencia.
En el arte la motivación hacia la autoreflexión es recurrente y el artista surcoreano Lee Yongbaek la estimula con su interesante instalación Broken Mirror (Espejo roto, 2011).
Tuve la oportunidad de ver la obra en una reciente visita al Asían Art Museum de Seattle, en Washington y no resistí la tentación de colocarme en frente de la obra con una cámara de video en mis manos.
A mi regreso, se me ocurrió manipular el material obtenido en algo que al final resultó ser una especie de juego de espejos.
Procesé las imágenes en un programa de edición en donde mezclé los sonidos originales y de ambiente del museo con música de suspenso y afectos especiales que magnificaban los impactos de bala en el vidrio.
Agregué también aullidos y otros sonidos propios del cine de terror.
Posteriormente compartí el video en Facebook y pedí a mis contactos que vieran el video y expresaran sus sensaciones, emociones o sentimientos.
Sombras por realidad
77 personas compartieron sus apreciaciones. De ellas, un grupo bastaste amplio respondió a los impulsos guiados por la música y los efectos con sentimientos reportados de sorpresa, miedo, inseguridad, suspenso, e incluso de crimen y violencia.
Pude percibir la existencia de distintos niveles de profundidad en los sentimientos y emociones reportadas, siendo al parecer más “reales” cuando los participantes las asociaban con recuerdos de experiencias personales.
Otros comentarios parecían ser más descriptivos de las sensaciones que se supone deben acompañar los estímulos audiovisuales presentados. Es decir, no lograron calar la piel del espectador.
Unos pocos participantes sobrepasaron el nivel primario de interpretación (basado en los sentidos) y se sintieron compelidos a ahondar en la construcción de significado desde puntos de vista más filosóficos.
Hubo metáforas sobre el ser humano inmerso en la lucha que le plantea un mundo caótico y la incesante búsqueda de sentido y felicidad en medio de constantes ciclos, transformaciones y puntos de giro que rompen (a veces de forma violenta y traumática) nuestra cotidianidad.
Al final, cada quien, desde su propia formación, experiencia y perspectiva aplicó filtros y respondió ante los estímulos para otorgarles un significado único e irrepetible.
“Creo que nunca vivimos tanto en la caverna de Platón como hoy” decía José Saramago en alusión a la alegoría del filósofo griego, en donde gente aprisionada en una cueva confundía sombras proyectadas en la pared con la realidad.
Rodeados y cautivados por los estímulos que emanan de las mil y un pantallas que nos rodean y aprisionan, nuestras vidas se asemejan a un juego de espejos.
Perdidos en ese laberinto de reflejos, distinguir lo real de lo ficticio se nos hace una tarea cada vez más prodigiosa.




