sábado, 19 de marzo de 2016

La hora del planeta: una cómoda ilusión

No dudo de que entre los millones de personas que participan en la campaña global La Hora del Planeta haya mucho de buena voluntad y deseos de que las cosas cambien. 

Considerado el “movimiento ecológico más grande del mundo”, al parecer la iniciativa  ha logrado modificaciones en la legislación y proyectos ambientales en algunos países como Rusia, Estados Unidos, Argentina y en Africa. 

Sin embargo, está claro que esos logros van mucho más allá del gesto simbólico de apagar las luces y desenchufar los artefactos eléctricos durante una hora. Si un plan de acción y de seguimiento permanente, lo único que nos queda es una campaña insulsa, contradictoria y totalmente ineficaz.

¿Que sirve para crear conciencia? ¿De qué? ¿De que vivimos en una sociedad de consumo irracional de recursos naturales, lo cual nos tiene al borde de un colapso global? 

Si es eso, ¿qué tal si en vez de apagar la luz por un rato organizamos una campaña para no comprar nada desechable durante un día, o mejor aún, una semana? 

Solo que en ese caso el epicentro de la celebración no podría ser Multiplaza, lugar en donde este año se estableció la sede oficial del evento. 

Economía insostenible

¿No les parece un tanto paradójico que La Hora del Planeta se lleve a cabo en el parqueo de restaurantes de un centro comercial, con actividades como conciertos musicales que demandan consumo de energía? A esto agrego el hecho poco probable de que los asistentes apaguen sus teléfonos durante una hora y eviten los selfies de rigor. 

Más paradójico aún es que algunos de sus patrocinadores sean empresas automotrices como Toyota y Purdi Motor, cuando la principal fuente de gases de efecto invernadero generada por la actividad humana son los combustibles fósiles. 

McDonald´s, disparador de la producción y consumo de carne en el mundo es otro de los patrocinadores. Que la cría de ganado produzca 115 millones de gas metano cada año es solo un dato anecdótico. 

Como bien se dice en el sitio cambioclimatico.org, “muchas de las actividades asociadas con la emisión de gases son ahora esenciales para la economía mundial y forman una parte fundamental de la vida moderna”. ¿Entonces? ¿Cómo hacemos?

Hasta la Coca-Cola, depredadora de las fuentes de agua se ha apuntado en años pasados a la iniciativa; eso sí, sin asumir ningún compromiso de su parte y, por supuesto, sin ser señalada en absoluto por sus prácticas perjudiciales para la gente y el planeta. 

En términos simples, hemos apostado a un sistema económico y de desarrollo incompatible con la salud de la Tierrra, y de ahí la total inutilidad de La Hora del Planeta, aunque sí sirva para las relaciones públicas de empresas cuyas actividades están vinculadas de forma directa con el problema. 
El gas metano del ganado es uno de los principales causantes
del efecto invernadero. 
No basta con gestos

Tampoco digo que debamos quedarnos de brazos cruzados. Hay que cosas que podemos hacer, comenzando por reducir el consumo de cosas innecesarias y rechazar la obsolescencia psicológica (Ej: cambiar un producto, como el teléfono celular, por un nuevo modelo cuando el que tiene aún funciona bien).

Podemos evitar el uso de bolsas plásticas y reducir al máximo la compra de productos en empaques desechables y el consumo de carne. 

Utilizar más el transporte público y menos el automóvil. No comprar agua en botella si tenemos acceso a fuentes de agua potable. 

Cambios concretos y permanentes en el estilo de vida contribuirían de manera real con el planeta (aunque quizás afecten la economía), pero requieren de verdadera voluntad, e incluso conllevan  algún nivel de sacrifico por un ideal superior. 

Usted escoge: una verdad incómoda o una ilusión reconfortante, con selfie del Día del Planeta incluido.


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