Qué difícil opinar sobre una película que al parecer todos llegamos a amar aún antes de verla. Hernán Jiménez tiene esa estrella. Hace cosas que conectan con nosotros. Y cuando digo nosotros, me refiero al ser costarricense. Posee además un enorme talento. No tengo duda de que algún día, quizás muy pronto, llegará a filmar nuestra mejor película. A ojos cerrados es un gran paso en esa dirección. Hay que aplaudirla, pero también hay que señalar sus debilidades, única forma de crecer. Él ya sabe cuáles son. Lo dijo en varias entrevistas. Este era un experimento, quería probar una tesis y logró. Quería demostrarse que con pocos recursos se puede hacer buen cine.
Sin embargo, tiene sus limitaciones y eso se nota. El primer tercio de película el guion es brillante. Posee el fino humor de quien ya pasó la prueba del stand-up comedy con éxito. Es al adentrarse en el drama cuando noto altibajos. Hay un par de escenas confusas y la música, muy buena en sí misma, estorba en varios tramos del filme.
La historia es linda. Conmueve porque nos habla de esas tragedias cotidianas comunes a los seres humanos. Los personajes encantan. Gabo, (Carlos Zamora) es el abuelito de todos. Actúa con la naturalidad de quien nada tiene que demostrar. Maga (Anabelle Ulloa), con una experiencia que traspasa la pantalla y Carol Sanabria como Delia, se adueña de una interpretación más que convincente.
¿Qué faltó? Ahondar en los nudos que elevan una historia de la tragedia cotidiana para convertirla en un conflicto del alma. Están ahí, pero se soltaron sin fuerza. Siento que no hubo tiempo para hacerlo (¿debió haber sido un corto?) y quizás eso tenga que ver con el presupuesto.
Pero no se puede juzgar una película utilizando sus limitaciones como justificante. La película es lo que es, y punto. Lo mejor es que uno sale con un aire de optimismo. Se puede hacer buen cine en Costa Rica. ¡Claro que se puede! Solo hay que seguir andando con los ojos bien abiertos.
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